Historia de terror
Ricardo Vivanco
Llegando un día a mi casa, acariciando a mis mascotas, recordé esa mañana. Recordé el despertar temprano, sentir el aroma a una habitación con mas de un alma durmiendo. Recordé levantarme, bañarme y prepararme, alimentar a los gatos, preparar desayuno y despedirme. Recordé acercarme a despedirme con un buen día y te amo, sentir el calor de una pieza donde aún duerme gente, sentir esa mejilla y el calor de una compañera que se queda mientras tu sales, recuerdo recordar esa sensación de cariño y de pronto mi propia mente me traiciona imaginando que aquel recuerdo sería el último que compartiríamos ¿qué pasaría si fuese así? Me quedé parado un momento mientras me sentaba en el suelo alimentando a los gatos y dejé sentir esa duda en mi ser, calo por cada hueso hasta que la sensación se desparramó de mi ser hacia el suelo y me abandonó.
Recuerdo esa sensación como una sensación nauseabunda que debía desaparecer de mi ser, un miedo inventado en una fantasía inventada desde un recuerdo real, una paranoia que impactó como un relámpago sin previo aviso. Cuando salió de mí esa idea, me senté acariciando gatos y me pregunté cuantas veces una vez en realidad se pueden convertir en una última, me quedé esperando abandonar esa sensación hasta que me puse de pie y fui a recibir a mi esposa que venía llegando.
© 2026 Ricardo Vivanco. Todos los derechos reservados. Citas breves con atribución permitidas; para usos más amplios, contáctame.