Lookback
Ricardo Vivanco

¿Cómo entender si lo que deseo hacer es por querer o solo deseo demostrar o competir? ¿Cómo diferenciar si lo que es una pasión, o solo lo hacía porque me dicen que soy bueno? ¿Qué sentimos cuando siempre se nos ha elogiado por ser bueno en algo y aparece alguien mejor? ¿cuándo perdemos parte de lo más preciado en una amistad? ¿Qué permite que lo que antes era un tesoro que podíamos disfrutar para nosotros mismos se convierta en algo externo y cuándo este vuelve a nosotros de la manera más inesperada posible?
Lo anterior no me es ajeno, y volvió a mí al ver una película que me devolvió todas esas sensaciones, dudas y emociones ligadas a abandonar algo que antes podía ocupar una vida entera: el dibujo. Look back del director Kiyotaka Oshiyama, es una historia animada y adaptada de un manga (Rukku Rukku de Tatsuki Fujimoto) que trata justamente de todos los párrafos y preguntas anteriores. Cubre en una breve historia de no más de sesenta minutos, cómo uno puede encontrar una amistad donde existe una rivalidad, cómo las relaciones pueden sacar lo mejor de cada uno, y cómo los miedos pueden generar comportamientos que muy en el interior nos avergüenzan y los camuflamos con entereza o orgullo.
La relación de Ayumu y Kiomoto nos muestra algo que las personas que dibujan generalmente encuentran: siempre existe alguien mejor, pero eso no implica que el otro específicamente esté contra ti, y lo anterior puede generar mas de una emoción relacionada con la decepción para los que ven al otro como un antagonista, o admiración para los que ven en el otro inspiración.
Ayumu tiene la capacidad creativa de crear historias, inventar personajes, sacar de la nada narrativa y sin un argumento en contra crear historias donde el dibujo sólo transporta la idea, no es un dibujo perfecto pero su esencia es la diversidad, y por el contrario Kiomoto debido a su condición (fobia social), sólo puede dibujar a lo que los demás no prestan atención, de manera casi perfecta, detallista, realista y junto a lo anterior, brindar a su trabajo capas emocionales sobre el dibujo, calidez, misterio, miedo, esto es lo que muchas veces se indica en artes de imagen como “fotografía”. Estas capas entre Ayumo (la historia) y Kiomoto (El instante) es la dualidad que divide toda la película.

Más allá de la historia, que recomiendo leer o ver, lo esencial es cómo nuestras capas inseguras, generalmente imprentan nuestras relaciones y cómo nos sentimos seguros de lo que somos en el otro, incluso, como se nos es fácil proyectar nuestras vidas cuando tenemos el apoyo emocional que no sabíamos que necesitábamos para seguir adelante y justamente cómo, si no tenemos un trabajo propio, al perder este apoyo emocional entramos en comportamientos negativos, simplemente por no decir lo que sentimos. Aquí, es justamente donde los que dibujamos o tenemos un hobby en el baúl de los recuerdos, nos ponemos sentimentales, por que la sensación de agobio, desapego y podríamos decir dolor se nos muestra en partes de la película en donde incluso sin el mismo destino nos sentimos reflejados en la misma, en momentos podemos ver cómo la protagonista, invadida por dudas, suelta el disfrute y se transforma en una tarea, y en otra ocasión el goce y el trabajo se unen y como después de este punto dependiendo del balance se nos puede ir todo de las manos si no somos constantes. Para cerrar, la historia nos muestra de manera natural y juvenil, como se inicia un disfrute de un hobby y como de todas formas, se requiere practicar, estudio, por que el solo punto de intentarlo te lleva un poco mas allá que ayer y, lo mas importante, es no prestar tanta atención a las voces en tú cabeza que te invitan a desistir; como una voz externa si es sincera, puede callarlas y detener estas voces, y como un trabajo en conjunto, donde puede aflorar una pasión, permite que un esfuerzo sobre humano, no sea tan pesado del todo.
Esta película, que juega justamente con los dibujos, te permite recordar esa emoción olvidada y llevarla a tu presente, te permite, si pones atención, que la chispa pueda volver pero esta vez, ya eres grande, tienes un trabajo, no tienes tanto tiempo, pero la llama esta ahí, no esperando un gran regreso pero sí un pequeño trazo
Ricardo V.